La declaración de bienes situados en el extranjero

La Ley 7/2012 ha introducido el siguiente apartado en el art. 39 de la Ley del impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas:

Apartado 2.- En todo caso tendrán la consideración de ganancias de patrimonio no justificadas y se integrarán en la base liquidable general del periodo impositivo más antiguo entre los no prescritos susceptible de regularización, la tenencia, declaración o adquisición de bienes o derechos respecto de los que no se hubiera cumplido en el plazo establecido al efecto la obligación de información a que se refiere la disposición adicional decimoctava de la Ley 58/2003, de 17 de diciembre, General Tributaria. No obstante, no resultará de aplicación lo previsto en este apartado cuando el contribuyente acredite que la titularidad de los bienes o derechos corresponde con rentas declaradas, o bien con rentas obtenidas en periodos impositivos respecto de los cuales no tuviese la condición de contribuyente por este impuesto.

Declaración de bienes en el extranjero

El apartado 6 del art. 134 del TRLIS, en el mismo sentido, versa que todo contribuyente por Renta o Impuesto de Sociedades, deberá declarar antes del 31 de marzo (en principio) todos sus bienes o derechos situados en el extranjero, si no lo hiciera se considerarán ganancias no justificadas y se integrarán en la base liquidable del ejercicio más antiguo entre los no prescritos.

En consecuencia, si no se presenta la declaración de bienes y derechos, y en el futuro por cualquier circunstancia, inspecciones, herencias, donaciones, voluntad del contribuyente, etc., en caso de que la AEAT lo descubra, liquidará como renta lo obtenido en el último ejercicio no prescrito con las sanciones e intereses que correspondan, lo que implica perder todo lo descubierto y algo más. ¡Ah, y no se podrá alegar prescripción!

El abanico que abarca el concepto “bienes y derechos” es tan amplio como lo dispuesto en la disposición adicional XVIII de la Ley General Tributaria. Es muy importante recopilar cualquier bien, contrato o derecho, ya sea como titular o beneficiario, aunque lo sean indirectamente o a través de instrumentos jurídicos como trusts, fideicomisos o masas patrimoniales, fondos de inversión, seguros de vida, renta temporales o vitalicias, sobre bienes muebles o inmuebles, situados en el extranjero y sobre los que no se haya declarado en el Impuesto de Renta ni Sociedades.

Como resumen final: cualquier persona física o jurídica que por circunstancias familiares, negocios, trabajo, etc., pueda tener alguna relación de significado económico fuera de España, debería pararse a reflexionar y analizar detenidamente, pensando en clave futura, sobre si entraría en esta obligación de declarar, ya que no declarar equivale a renunciar a la repatriación de los bienes y derechos para nosotros y para nuestros herederos, y confiar, además, en caso de no declarar, en que nunca la descubrirán. Viendo como están los tiempos… creo que hay que ser muy optimista para creer esto.

Autor: Pedro Gelabert, socio y asesor fiscal en Fiscontrol Assessors.

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