Los préstamos entre particulares

Tras leer un artículo en el periódico sobre el incremento de los préstamos entre particulares (por motivos evidentes), me llegó un curioso e-mail que me invitaba a buscar financiación privada “para realizar mis sueños” bajo el slogan de “le financiamos su casa y su negocio…”.

Por este motivo creo conveniente analizar un poco esta idea desde el punto de vista de quien tiene a su disposición una determinada liquidez y se plantea entregarla en préstamo a un particular a un alto tipo de interés.

El prestamista, quien entrega su dinero, deberá plantearse que el interés que puede cobrar no puede ser muy superior al interés de mercado, ni los intereses de demora pueden ser superiores a 2,5 veces el interés legal del dinero fijado oficialmente, según reciente jurisprudencia. Una superación de este límite supondría la imposibilidad de reclamar el interés en un hipotético supuesto de incumplimiento del prestario (quien ha recibido el dinero), dado que el Juzgado que reciba la demanda de reclamación del importe, podrá no admitir la misma interpretando que el tipo de interés es usurario y por ello contrario a la legalidad.

Así que, una vez negociados, un tipo de interés ordinario y un tipo de interés de demora, que no queden fuera de la legalidad, habrá que plantearse qué herramientas tiene a su disposición un particular que ha dejado su dinero a otro si éste último no cumple con alguna de sus obligaciones de amortizar la deuda.

Es recomendable que en este tipo de operaciones se constituyan garantías suficientes para asegurar al particular poder cobrar su deuda sin tener que renunciar a poder recuperar, al menos, lo invertido y su interés, independientemente del factor temporal, que se puede dilatar en mucho.

Recomiendo siempre constituir el préstamo en escritura pública, que detalle todas sus condiciones y además, la garantía que se pacta. En el caso de que sea inmobiliaria, por supuesto recomiendo que el inmueble en cuestión no tenga anteriores cargas hipotecarias inscritas, ya que éstas pueden no estar al corriente de pago e impedir que las posteriores puedan tener alguna utilidad para el prestamista en cuestión.

El coste de esta forma de constitución del préstamo y de la posterior inscripción de la garantía, deberá ser tenido en cuenta, pero es un mal menor en relación a la complicación que supone intentar recuperar el dinero prestado si no existe ningún tipo de garantía, o si ésta no se hubiera constituido en escritura pública. Este coste no es fiscalmente deducible para quien entrega el préstamo, en el caso de que asuma dicho coste voluntariamente.

En este tipo de operaciones es de suma importancia haber negociado con el deudor directamente, o en caso de existir intermediarios, haber tenido alguna reunión en la que esté presente el propio deudor para acotar el peligro de la existencia de falsos representantes o de cantidades erróneas en la constitución del préstamo.

Una vez realizado todo este trabajo previo y preparatorio, podrá concederse el préstamo y debe tenerse en cuenta que los intereses que se perciban deben ser declarados en la próxima declaración del IRPF, como si de intereses bancarios se tratara, pero con la peculiaridad de que no se practicarán retenciones sobre éstos por el deudor, lo que puede alterar el resultado de la renta notablemente en comparación con otros años.

Autora: Andrea Klein, abogada del despacho Fiscontrol Assessors.

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